Por último pero no por ello menos importante, continuando por el paseo marítimo, llegamos al culmen de la arquitectura en Coruña y prácticamente en toda Galicia, uno de los símbolos más conocidos de la ciudad en el resto del mundo: la Torre de Hércules.
Si hemos visitado un gran número de estatuas, monumentos y esculturas a lo largo de esta ruta que hemos hecho juntos, la Torre es el lugar perfecto para concluir, con un increíble parque escultórico que incluye alguna de las siguientes:
La temática elegida por los artistas puede ordenarse en torno a varias vías temáticas: Los relatos mitológicos que vinculan la fundación de la Torre con el propio Hércules o con el caudillo celta Breogán, al que la historiografía del siglo XIX relaciona con el origen del propio monumento, y por otro lado las referencias al mundo del mar, a la navegación y a las rutas, que nos hablan de esa vocación marinera unida al pasado del pueblo gallego desde los inicios de su historia.
Sin duda este es un lugar obligatorio para visitar, si vienes a Coruña y no visitas la Torre de Hércules, es como si fueras a París y no visitaras la Torre Eiffel. Con esto, queda todo mucho más que dicho, no voy a aburriros con pesados datos históricos sobre el edificio. Su magnificencia y su magia tenéis que descubrirla vosotros mismos.
Y hasta aquí mi recorrido en la Ruta de las Estatuas y en las entradas de este blog. Espero que hayáis disfrutado con él tanto o más como he disfrutado yo elaborándolo y visitando estos lugares. Estaré encantado de contestar cualquier duda o cualquier comentario que realicéis sobre la información que he expuesto aquí. Ojalá haya sido de vuestro agrado y haya logrado que veáis el mundo de las estatuas con otros ojos, no son solo trozos de piedra o bronce en medio de una ciudad, tienen una historia, tienen un significado y tienen un alrededor que motiva a visitarlas en conjunto. Nos vemos por Coruña cuando vengáis a dar una vuelta por aquí.
Sin nada más que decir, muchas gracias a todos los que hayáis visitado mi blog y nos vemos en el siguiente. Se despide humildemente un servidor, Alberto.
¡Hasta siempre!





















